Se detecta la primera evidencia de un rayo en Marte
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La misión MAVEN capta la primera señal directa de un rayo en Marte y abre una nueva ventana a su atmósfera.
Publicado por Sergio Parra
Periodista científico

Durante más de una década, la nave MAVEN ha orbitado el planeta rojo como un vigía paciente, recolectando datos invisibles para el ojo humano. Y ahora, entre más de cien mil mediciones, los científicos han identificado una señal inequívoca: la primera evidencia directa de un rayo en Marte.
El hallazgo, fruto de la misión de la NASA, no consiste en un relámpago fotografiado ni en una tormenta observada desde la superficie, sino en algo más sutil y sofisticado: una onda electromagnética conocida como whistler. Este tipo de señal, asociada en la Tierra a descargas eléctricas atmosféricas, fue detectada por la nave en la ionosfera marciana. Los resultados han sido publicados en Science Advances, en un estudio encabezado por František Němec.
El lenguaje secreto de los rayos
Cuando un rayo estalla, no solo ilumina el cielo, sino que también emite un pulso electromagnético que puede viajar a lo largo de las líneas del campo magnético planetario. Estas señales, llamadas whistler waves, se desplazan a baja frecuencia y se dispersan debido a que las frecuencias menores avanzan más lentamente en el plasma ionosférico. El resultado es una firma acústica característica que, al traducirse a sonido, recuerda a un silbido descendente.
En la Tierra, este fenómeno es común. También ha sido observado en gigantes gaseosos como Jupiter, Saturno y Neptuno, todos ellos dotados de campos magnéticos globales potentes que facilitan la propagación de estas ondas. Marte, en cambio, perdió su campo magnético global hace miles de millones de años, cuando su núcleo dejó de generar la dínamo interna que lo alimentaba.
Y, sin embargo, el planeta rojo no está completamente desprovisto de magnetismo. En su hemisferio sur sobreviven campos magnéticos corticales localizados, restos fósiles del antiguo campo global. Son irregulares, fragmentarios y mucho más débiles que el terrestre, pero pueden actuar como canales para que una onda whistler se desplace hacia el espacio.
El estudio describe cómo una de estas ondas fue detectada durante apenas 0,4 segundos, con frecuencias de hasta 110 Hz. Mediante modelización teórica, los investigadores demostraron que la señal podía haber viajado desde la superficie marciana hasta la órbita de MAVEN siguiendo líneas de campo magnético locales. La firma coincide con las ondas generadas por rayos en la Tierra, lo que refuerza la interpretación.
Tormentas de polvo y electricidad latente
Pero ¿de dónde provendría esa descarga eléctrica en un planeta tan frío y tenue? La respuesta podría estar en las tormentas de polvo. Marte es célebre por sus gigantescas tempestades, capaces de envolver el planeta entero durante semanas. En esos eventos, las partículas de polvo chocan y se rozan constantemente, generando cargas eléctricas por fricción, un fenómeno conocido como electrificación triboeléctrica.
Experimentos de laboratorio y simulaciones previas ya habían sugerido que estas tormentas podrían producir descargas eléctricas, de forma similar a lo que ocurre en las erupciones volcánicas terrestres o en los remolinos de polvo. Sin embargo, hasta ahora no se había obtenido evidencia directa en el entorno marciano.

El problema no es solo que las descargas puedan ser débiles o esporádicas, sino que la detección requiere una alineación casi milagrosa de factores. La nave debe encontrarse en el lado nocturno del planeta; el campo magnético local debe ser lo suficientemente intenso y orientado casi verticalmente; y la ionosfera debe presentar las condiciones adecuadas para permitir la propagación de la onda.
De más de 108.000 mediciones analizadas, solo una mostró una señal clara. Los investigadores señalan que menos del 1 % de los registros presentaban inclinaciones magnéticas suficientemente altas, y aún menos coincidían con ángulos solares superiores a 100 grados. Captar el evento fue cuestión de estar en el lugar y el momento exactos.
Un destello que ilumina el futuro
La rareza del hallazgo no lo hace menos significativo. Al contrario: demuestra que, aunque infrecuentes, los procesos de descarga eléctrica pueden ocurrir en la atmósfera marciana. Y eso tiene implicaciones profundas para nuestra comprensión de la física planetaria comparada.
La electricidad atmosférica influye en la química del aire, en la formación de compuestos reactivos y en la dinámica de partículas. En la Tierra, por ejemplo, los rayos desempeñan un papel en la fijación del nitrógeno. En Marte, donde la atmósfera es mucho más tenue y rica en dióxido de carbono, aún ignoramos cómo estas descargas podrían afectar a su composición o a la interacción con el polvo en suspensión.
Además, conocer mejor la actividad eléctrica marciana es crucial para futuras misiones tripuladas y robóticas. La seguridad de los sistemas electrónicos y de los astronautas dependerá de comprender estos fenómenos. Incluso una descarga débil podría interferir en instrumentos sensibles o alterar mediciones científicas.
Este único “susurro” eléctrico no convierte a Marte en un mundo tormentoso como la Tierra, pero sí revela que bajo su apariencia árida persisten procesos dinámicos y complejos. En el vacío rojizo, donde parecía reinar el silencio absoluto, ha resonado un eco familiar.






















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