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Los sensores obligatorios de tus neumáticos podrían convertir tu coche en un “GPS” rodante que revela tus movimientos en silencio

  • hace 3 horas
  • 5 Min. de lectura

Un estudio europeo analiza un componente obligatorio del automóvil que pasa desapercibido. Sus resultados abren preguntas sobre privacidad, diseño tecnológico y vigilancia cotidiana que apenas se han discutido.

Físico, escritor y divulgador científico

Los coches actuales incorporan decenas de sistemas electrónicos pensados para mejorar la seguridad. Uno de los más discretos es el sistema de monitorización de presión de neumáticos, conocido como TPMS por sus siglas en inglés. Su función es sencilla: avisar al conductor cuando una rueda pierde presión y reducir así el riesgo de accidente. Desde finales de la década de 2000 es obligatorio en muchos países, y forma parte del equipamiento estándar incluso en modelos básicos.

Un estudio científico reciente, titulado “Can’t Hide Your Stride: Inferring Car Movement Patterns from Passive TPMS Measurements”, analiza cómo funcionan estos sensores y qué implicaciones puede tener su diseño actual. Los investigadores desplegaron una red de receptores de radio de bajo coste durante diez semanas para estudiar las emisiones inalámbricas de estos dispositivos. El objetivo no era evaluar la seguridad vial, sino examinar las posibles consecuencias en términos de privacidad de un sistema que, hasta ahora, apenas había generado debate público.

Qué es exactamente el TPMS y cómo funciona

Existen dos grandes tipos de sistemas de control de presión. El más sencillo, denominado indirecto, estima la presión comparando la velocidad de giro de las ruedas. El más avanzado, conocido como TPMS directo (dTPMS), utiliza pequeños sensores instalados en cada neumático que miden de forma continua la presión y la temperatura.

Estos sensores funcionan con batería y envían mensajes por radio a la unidad electrónica del vehículo. Según detalla el artículo científico, los mensajes suelen tener unos 100 bits e incluyen varios campos: un preámbulo, la presión, la temperatura, algunos indicadores técnicos y, sobre todo, un identificador único. El propio trabajo explica que el mensaje contiene un “ID, que es una cadena hexadecimal de 24 a 32 bits con el identificador del sensor dTPMS”. Ese identificador no suele cambiar durante la vida útil del neumático.

El problema es que estas transmisiones se realizan en abierto, sin cifrado. El artículo señala que los sistemas dTPMS “envían datos de forma inalámbrica sin cifrado ni ofuscación”. En términos prácticos, eso significa que cualquier persona con un receptor de radio adecuado puede capturar esas señales si se encuentra a una distancia razonable.

Además, los sensores no solo transmiten cuando el coche está en marcha. Algunos modelos envían señales periódicas incluso cuando el vehículo está detenido. Esa característica, que facilita el mantenimiento y el diagnóstico, amplía también la superficie potencial de exposición.

Esquema del sistema experimental con receptores de radio de bajo coste capaces de captar señales de los neumáticos desde distintos puntos. Fuente: paper en prr-print
Esquema del sistema experimental con receptores de radio de bajo coste capaces de captar señales de los neumáticos desde distintos puntos. Fuente: paper en prr-print

Una red de receptores baratos para escuchar neumáticos

Para comprobar hasta qué punto estas señales pueden recogerse en condiciones reales, los investigadores instalaron cinco receptores de radio en el entorno de un lugar de trabajo. No se trataba de equipos sofisticados. El estudio subraya la “viabilidad práctica de recopilar y analizar datos TPMS utilizando una red de receptores SDR de bajo coste desplegados en un entorno real”. Cada dispositivo costaba alrededor de 100 dólares.

Durante diez semanas captaron más de seis millones de mensajes procedentes de más de 20.000 vehículos. De ellos, seleccionaron un conjunto de 12 coches cuyos propietarios habían dado su consentimiento para un análisis detallado. Con esos datos desarrollaron métodos estadísticos para agrupar las señales de las cuatro ruedas de un mismo coche y reconstruir patrones.

Las pruebas también mostraron que las emisiones podían captarse a distancias superiores a 50 metros, incluso en condiciones sin línea directa de visión. En experimentos con vehículos en movimiento, lograron recibir mensajes en la mayoría de las vueltas realizadas en un circuito urbano. Esto sugiere que la captación no se limita a coches estacionados.

El sistema empleado es pasivo. No requiere interactuar con el vehículo ni alterar su funcionamiento. Basta con situar receptores cerca de carreteras o aparcamientos y almacenar las señales que se emiten de forma automática.

Cómo un identificador fijo permite reconstruir rutinas

La pieza clave no es la presión del neumático, sino el identificador único y constante que acompaña a cada transmisión. Si ese código se detecta repetidamente en distintos momentos y lugares, puede asociarse a un mismo vehículo.

El estudio describe un modelo de amenaza en el que “las transmisiones TPMS se envían sin ningún cifrado o mecanismo seguro e incluyen un identificador único”. A partir de ahí, cualquier red de receptores distribuidos por una ciudad podría reconocer cuándo pasa un coche concreto por cada punto.

Para mejorar la precisión, los investigadores aplicaron técnicas como el índice de Jaccard, que mide la coincidencia entre conjuntos de datos. Esto permitió agrupar correctamente las cuatro ruedas de un mismo coche y reducir errores de identificación. La combinación de varios sensores incrementa de forma notable la cobertura temporal respecto a usar uno solo.

Con los datos agregados, el equipo analizó patrones horarios. En varios casos fue posible distinguir perfiles de trabajadores a tiempo completo, parcial o colaboradores externos en función de las horas de llegada y salida detectadas. El artículo señala que las transmisiones pueden utilizarse para “inferir información potencialmente sensible como la presencia, el tipo, el peso o el patrón de conducción del conductor”.

Incluso sin conocer la identidad real del propietario, la repetición de horarios y trayectos permite deducir rutinas, ausencias prolongadas o cambios puntuales de comportamiento.

La presión también habla

Además del identificador, cada mensaje incluye la presión del neumático. Puede parecer un dato inocuo, pero ofrece pistas adicionales. Vehículos más grandes o cargados suelen requerir presiones distintas. En uno de los ejemplos analizados, los investigadores observaron cómo la presión aumentaba tras un inflado detectado a mitad del periodo de estudio.

El propio artículo concluye que las señales TPMS, “introducidas originalmente para mejorar la seguridad vial, pueden utilizarse indebidamente para rastrear vehículos y, por tanto, el patrón de movimiento de sus propietarios a través de una red de receptores de espectro definidos por software de bajo coste”. La ausencia de cifrado y la estandarización limitada se señalan como causas de fondo.

El trabajo también advierte que es relativamente sencillo vincular un identificador a una persona concreta si se combina con otros elementos, como cámaras o ubicaciones conocidas, por ejemplo el domicilio. Una vez asociado el código a un individuo, el seguimiento podría ampliarse a otros puntos de la ciudad donde existan receptores.

Los autores subrayan que su investigación se realizó con aprobación ética y con el consentimiento explícito de los participantes. Aun así, consideran que el diseño actual del sistema abre la puerta a usos no previstos.

Un debate pendiente en la regulación

Las normativas internacionales sobre ciberseguridad del automóvil han avanzado en los últimos años, pero el TPMS no siempre se incluye de forma explícita en los procesos de certificación. El estudio recuerda que, pese a propuestas académicas para añadir cifrado o autenticación, no existen implementaciones generalizadas en los vehículos actuales.

Los investigadores sostienen que sistemas concebidos para la seguridad física deben incorporar también principios de seguridad digital y protección de datos. De lo contrario, componentes aparentemente secundarios pueden convertirse en herramientas de vigilancia silenciosa.

El debate no gira en torno a eliminar el control de presión, que salva vidas, sino a rediseñar sus comunicaciones para que no emitan identificadores fijos accesibles a cualquiera. En un contexto en el que los vehículos están cada vez más conectados, cada señal inalámbrica cuenta.Un estudio europeo analiza un componente obligatorio del automóvil que pasa desapercibido. Sus resultados abren preguntas sobre privacidad, diseño tecnológico y vigilancia cotidiana que apenas se han discutido.

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