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Así funciona realmente la memoria humana: un nuevo estudio muestra por qué recordar implica reconstruir el pasado

  • Manuel Córdoba
  • 21 dic 2025
  • 4 Min. de lectura

Un nuevo trabajo en neurociencia explica por qué recordar no es reproducir el pasado, sino reconstruirlo, y qué ocurre en el cerebro cada vez que evocamos un momento de nuestra vida.

Publicado por Edgary Rodríguez R.

Periodista científica y cultural

Un nuevo estudio explica por qué la memoria humana no conserva el pasado intacto y cómo el cerebro cambia los recuerdos cada vez que los evocamos. Representación con IA. Fuente: Sora / Edgary Rodríguez R.
Un nuevo estudio explica por qué la memoria humana no conserva el pasado intacto y cómo el cerebro cambia los recuerdos cada vez que los evocamos. Representación con IA. Fuente: Sora / Edgary Rodríguez R.

Recordar una fiesta, una conversación importante o un viaje no es abrir un archivo intacto guardado en el cerebro. Cada vez que evocamos un episodio del pasado, el recuerdo se reactiva, se mezcla con información nueva y puede cambiar. Esta idea, respaldada por décadas de investigación, es el eje de un amplio artículo científico firmado por Michael D. Rugg y Louis Renoult y publicado en Neuroscience & Biobehavioral Reviews.

El estudio revisa casi doscientos trabajos en psicología, neurociencia y modelos animales para responder a una pregunta central: qué es exactamente un recuerdo y cómo lo representa el cerebro. Lejos de tecnicismos, la conclusión es clara: la memoria es un proceso dinámico, no un registro fijo. Recordar es una actividad del presente, no una copia exacta del pasado.

Este enfoque ayuda a entender por qué dos personas pueden recordar de forma distinta un mismo hecho, por qué nuestros recuerdos cambian con los años y por qué la seguridad con la que recordamos algo no siempre garantiza su exactitud.

La neurociencia demuestra que recordar no es reproducir el pasado: así reconstruye el cerebro nuestros recuerdos con el paso del tiempo. Fuente: iStock.
La neurociencia demuestra que recordar no es reproducir el pasado: así reconstruye el cerebro nuestros recuerdos con el paso del tiempo. Fuente: iStock.

Qué es un recuerdo y qué no lo es

Durante años, la memoria se ha descrito como si funcionara como un archivo digital: algo se guarda y luego se recupera. El nuevo análisis desmonta esa idea y propone una distinción clave. En el cerebro existen huellas físicas de las experiencias, llamadas trazas o engramas, que pueden permanecer inactivas durante mucho tiempo. Solo cuando se activan se convierten en un recuerdo consciente.

Esa diferencia entre lo que está “guardado” y lo que está “activo” es esencial. Muchas experiencias dejan una marca en el cerebro, pero no todas están disponibles en todo momento. Necesitan una señal, un contexto o una pista para emerger. Un recuerdo existe de verdad cuando se activa y entra en juego en nuestra mente.

El estudio subraya además algo fundamental: para que algo cuente como memoria, debe estar ligado a un hecho real vivido en el pasado. Si no existe esa conexión causal con un evento, no se trata de un recuerdo, aunque lo sintamos como tal. En ese punto, el cerebro puede estar imaginando, no recordando.

Recordar no es repetir, es reconstruir

Cuando un recuerdo se activa, no aparece solo. El cerebro combina la información recuperada del episodio con conocimientos generales, experiencias previas y el contexto actual. Por eso un recuerdo puede cambiar dependiendo de cuándo, cómo y por qué lo evocamos. Este proceso explica por qué los recuerdos no son idénticos cada vez que los recuperamos. La información original puede mantenerse, pero se integra con otros elementos que no estaban presentes en el momento vivido. El contenido de un recuerdo es siempre una mezcla, no una reproducción exacta.

El efecto es especialmente visible en recuerdos antiguos. Con el paso del tiempo, al ser recordados una y otra vez, esos episodios se reactivan y se “regraban”. Cada reactivación añade un eslabón más entre la experiencia original y la versión que hoy tenemos disponible, lo que puede alejarlos gradualmente de lo que ocurrió.

Por qué tu memoria puede fallar sin que lo notes: la ciencia explica cómo el cerebro transforma los recuerdos al recuperarlos. Representación con IA. Fuente: Sora / Edgary Rodríguez R.
Por qué tu memoria puede fallar sin que lo notes: la ciencia explica cómo el cerebro transforma los recuerdos al recuperarlos. Representación con IA. Fuente: Sora / Edgary Rodríguez R.

El papel clave del hipocampo

El estudio destaca el papel del hipocampo, una estructura profunda del cerebro, como pieza central de este proceso. El hipocampo no almacena recuerdos completos, sino que actúa como un organizador que conecta distintas áreas del cerebro que participaron en la experiencia original.

Cuando recordamos, el hipocampo ayuda a reactivar patrones de actividad similares a los que se produjeron cuando ocurrió el evento. Este fenómeno, conocido como reinstauración, es el mecanismo que permite que una experiencia pasada vuelva a hacerse presente. Recordar implica reactivar redes cerebrales, no abrir un archivo cerrado.

Gracias a este sistema, una pista parcial —una imagen, un olor, una palabra— puede desencadenar un recuerdo completo. Sin embargo, esa reactivación nunca es perfecta ni total, lo que deja espacio para cambios, omisiones y añadidos.

Por qué los recuerdos cambian con el tiempo

El trabajo revisa varias razones por las que los recuerdos se transforman. Algunas partes de una experiencia se olvidan antes que otras, especialmente los detalles sensoriales, mientras que la información general suele mantenerse mejor. El resultado es que los recuerdos se vuelven más esquemáticos con los años. Además, cada vez que recordamos algo, el recuerdo puede verse influido por información nueva. En algunos casos, el cerebro puede generar nuevas huellas que compiten con las anteriores, en lugar de borrar las originales. El pasado no siempre se borra: a veces queda oculto bajo nuevas versiones.

Este enfoque ayuda a entender fenómenos como la distorsión de recuerdos o la influencia de información posterior, sin asumir que la memoria original desaparece necesariamente. Muchas veces, el problema no es perder un recuerdo, sino elegir cuál de varias versiones se impone.

Un amplio análisis científico revela que la memoria no es fija y explica por qué nuestros recuerdos cambian con los años. Fuente: iStock.
Un amplio análisis científico revela que la memoria no es fija y explica por qué nuestros recuerdos cambian con los años. Fuente: iStock.

Por qué importa entender cómo funciona la memoria

Comprender que la memoria es dinámica tiene implicaciones prácticas importantes. En salud mental, ayuda a explicar por qué ciertos recuerdos cambian con la terapia o por qué algunos episodios siguen influyendo durante años. En educación, refuerza la idea de que recordar activamente transforma lo aprendido.

En el ámbito legal, el mensaje es especialmente relevante. La investigación muestra que la confianza con la que una persona recuerda algo no garantiza que ese recuerdo sea fiel a los hechos. La memoria puede ser sincera y, al mismo tiempo, inexacta.

El estudio concluye que pensar la memoria como un proceso activo y cambiante permite entender mejor cómo pensamos, aprendemos y tomamos decisiones. No recordamos para revivir el pasado tal como fue, sino para darle sentido desde el presente.

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